Después, de un salto en el tiempo… de un montón de años, exámenes, disgustos y alegrías… por fin llegamos a la facultad y, al acabar, las grullas eran ya tan normales y habituales… los censos en los dormideros, los miles y miles de individuos sobre ti, y tú tan engreído y presuntuoso que no llegabas a apreciar la distinción de esa naturaleza privilegiada de Extremadura. Todo el día rodeado de belleza, de olores, colores, sonidos… y hasta pasados unos años, cargado de melancolía, no valorarías esos maravillosos momentos como lo merecían.

Grulla adulta en los arrozales de las Vegas Altas del Guadiana

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